Fumar en terrazas, prohibición que ya debiera ser desde hace mucho

No, fumar en terrazas no es un acto de «libertad». Esto no va de eso.

Que haya personas que fumen no es lo que a tantísima gente nos molesta.

Lo que nos molesta es el humo del tabaco.

Fuma en tu casa, fuma en tu habitación, fuma en una calle en la que estés solo y en la que con tu humo no molestas a nadie. Fuma donde te salga de los cojones o de los ovarios, pero no me hagas tragar ese asqueroso humo.

Pues si, vaya novedad. El humo del tabaco es asqueroso… pues si. Claro que lo es.

Lo es porque es una inhalación densa, fuerte, maloliente, desagradable e impuesta por una persona que tienes cerca y que muchas veces es totalmente ajena a ti.

Porque el humo del tabaco se impregna en tu ropa, en tu pelo… y se queda ahí.

Pero principalmente es asqueroso porque el fumador lo impone, no dando opción a quien no le guste. Y lo impone amparándose en la maravillosa teoría de que al aire libre no molesta a nadie. Bueno, pues es que resulta que el humo circula por el «aire libre» ocupándolo. Y vale que al cabo de un rato se disipa, pero en su trayectoria se encuentra obstáculos, como personas por ejemplo.

Entonces según la teoría del «aire libre» nunca olería a chamuscado cuando se hace una hoguera.

En serio, creo que echar humo a otra persona es un acto de desprecio por los demás, una especie de rebeldía en forma de «aquí yo hago lo que me apetece y ven tu a decirme algo».

Ya estarán los más ávidos del lugar politizando este discurso, claro. Pero es que esto no va de ser de derechas o de izquierdas. Esto no va de «libertad».

Aquí no se libra nadie, aquí fumáis todos, los progresistas, los fachas, los comunistas o los conservadores.

En la «tabacosfera» todo dios tenéis representación, así que aquí no se libra nadie.

Y no es que el problema lo tenga yo por no gustarme el humo del tabaco. No, yo no tengo ningún problema, yo no impongo mis exhalaciones a nadie, ni invado el espacio vital de otros con algo que no es irremediablemente necesario, como la propia presencia de mi cuerpo o mi respirar.

No puedo evitar tener cuerpo, ni respirar. Tú si que puedes evitar fumar. No es algo irremediablemente necesario para tu existencia ni la mía. El problema lo tienes tu por haber caído en un vicio y no saber ni poder escapar de él. Y amigo, de eso yo no tengo la culpa.

No va de «libertad» porque ni yo, ni mi familia, que no fumamos tenemos el derecho a disfrutar de sentarnos en cualquier terraza al aire libre, cualquier maravilloso día a disfrutar de una caña, un refresco, o lo que nos salga de los cojones o de los ovarios (también tenemos) con la total tranquilidad de que el humo no invada nuestro espacio vital.

Con la total tranquilidad de que mi mi hija de seis años o el del bebé que está en su cochecito en la mesa de al lado regresen a sus casa oliendo solamente a la colonia que nos pusimos antes de salir o al champú que usamos en la ducha que nos dimos hace un rato.

Pensemos en que mi familia y yo nos sentamos en la mesa de una terraza, en la que estaremos tomando café, comiendo, hablando, leyendo o pasando el rato y la interacción entre mesas no se sale de los tonos de voz o de que alguno huela mejor o peor por su higiene personal (pero ese es otro capítulo gracias a Dios no tan frecuente).

Y que se te ocurra a ti decirle algo al que te está ahumando el momento ¡aún por encima!, vaya desfachatez por parte de los no fumadores. Vaya egoístas por ofenderse ante que mi humo le envuelva.

De hace un tiempo para aquí, el que no me siento libre de poder disfrutar de algo tan básico y natural como eso, no solo soy yo, somos mucha gente.

Poder sentarte en una terraza con todo el derecho de no tener que sentir la espada de Damocles del fumador que se sienta al lado, saca el paquete del bolsillo, lo posa sobre la mesa, saca el cigarro, enciende el mechero y lanza su humo a un aire que en un alto tanto por ciento, terminará en tus fosas nasales. O en las de tu hijo, o en las del bebé que está en su cochecito en la mesa de al lado.

Fumar molesta y mucho, si lo haces en un espacio compartido por gente que no fumamos.

Estoy muy harto de tener que poner la otra mejilla, de ceder porque hay que comprender el hábito del señor o señora, que no molestan a nadie fumando en una terraza.

Pues sí que molestan. Incluso cuando están solos molestan, porque muchos ya optamos porque nuestra única opción es estar dentro de la cafetería, por eso dejamos libres las terrazas.

E incluso estando dentro ¡cuántas veces entra el humo hacia el interior porque quien fuma está al lado de la puerta! ¿Pero es que ni así nos vamos a librar?

Harto de tener que sentarme en una terraza según la dirección del viento.

Harto de tener que estar incómodos y amenazados por un humo que no es nuestro porque como es normal, a tus amigos, a tu familia, les gusta estar en terrazas, como a todo el mundo.

Si es que es pasar al lado de cualquier terraza y ya lo ves, ya lo hueles, el tufo a humo rodea el ambiente.

Hosteleros, compañeros, dejadme que os diga algo. No. Tus clientes fumadores no se va a ir porque esté prohibido fumar en tu terraza. Como hecha la ley, hecha la trampa, se levantarán y se irán a fumar unos metros más allá. Por lo que aún así seguiremos con prácticamente el mismo problema.

Por eso yo voy mucho más allá. Fumar debería estar prohibido en las aceras, en plazas, o directamente por calles. Y lo estará en un futuro, no me cabe la menor de las dudas.

Porque, y aunque este es un capítulo a parte ¿Por qué tengo que ir tragando el humo del joven que va delante de mí en la acera? Especialmente en movimiento, caminando, no me das otra opción a tener que adelantarte. Al menos el que está fumando fuera de la cafetería, o del ayuntamiento, está parado y me permite pasar a unos metros de él.

Las aceras es un capítulo a parte como digo, en donde ya entran otros elementos famosos como la caca y pises de los dueños de perros. Porque también hay que comprender que la mierda y las meadas que van dejando sus adorables mascotas son otro hábito del señor o señora, que no molestan a nadie, pobretes.

Capítulo a parte también son las colillas, residuo tabaquil que podemos ver por todas partes (vease foto de post).

España es un país que por su cultura deja patente desde hace siglos que lo único que funciona aquí para hacer cumplir las normas son las prohibiciones y las multas, siempre bajo buenos métodos de control, orden y disciplina.

Ni somos ni seremos jamás un país como Japón, por ejemplo, donde todo esto que he ido contando es inconcebible. Aquí nos reímos de todo eso porque somos muy de la «libertad».

Pues no. El humo del tabaco molesta y mucho, por eso fumar en terrazas es solo la primera de muchas prohibiciones que ya debieran ser desde hace mucho.

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